sábado, 9 de mayo de 2015

Superficialidad


Oigo The Strokes. Cierta vivacidad en su música me genera una tristeza energética, una tristeza de baile o de bar amistoso que no existe. Resulta que han habido cinco muertos, en este pueblo tan pequeño y colorido hay cinco muertos. En los años noventa venía de visita a cada festividad posible, me sumergía en las formas extrañas de este pueblo; las aceras como grandes bloques elevaban el paso de los peatones a medio metro del empedrado de la calle. Ahora nada tiene que ver con aquella época, una sala de belleza resalta con sus colores fucsia y sus sillas plásticas. Perseguir "angelitos" entre calles de piedra. Siento como si el sol se nos ha acercado; el entierro de ese jueves desbordaba las calles, la vida de pueblo es una vida de arterias, de tejido social que emerge ante las desgracias.

Al mudarme de la capital me desconfiguré. Regresé en el tiempo, murieron años grisáceos de cantos de palomas entre ventanas de madera. Lo recuerdo como una película. Ilobasco latiendo en medio de la lluvia. Ilobasco provinciano, con blancas mujeres que cuidan el altar de la Legión de María.

Cinco muertos, bebo café. Las casas de Ilobasco han cambiado al estilo americano. Catorce años de vida de pueblo. Recuerdo el parque al cruzar por la tarde, ensombrecido por los besos de los árboles, los abrazos de los árboles que formaban una cueva, una cueva sin eco y llena de pájaros insignificantes. El parque se ha modernizado, las mujeres deben usar zapatos de tacón las tardes de domingo. Catorce años y nunca vi un muerto a la luz de mediodía, mediodía infernal que nos ha acercado al sol o nos ha descendido al averno; no hay más sombras de árboles para refrescar este mediodía. 

 ¨Y este viernes hay viernes negro¨. Dolores de muela, comprar una canasta para ropa, pesadillas, montañas de peluches color pastel, cinta amarilla de la PNC, gafas de aviador que combinan con cualquier cosa. La gente continúa. Quizá el morbo es el mecanismo de defensa por excelencia. Mis vecinas han orado todas las noches, Ilobasco es el municipio más violento de Cabañas, pero hay que hacer jaripeos, por supuesto. Quizá el morbo nos enmascara, nos encierra en casa a escuchar nuestro álbum favorito de The Strokes, Is This It claro, el morbo nos protege y protege aún más a la violencia.  

Me estaciono frente al karaoke. Me bebo un café. Me compro una Modelo. La superficie de este pueblo es de colores. Fucsia, marrón, paisaje de cerros en pared repellada. Vivo una vida que debo. Una vida de morbo y de silencios de tarde provinciana. Este pueblo ya no existe, está pariendo una ciudad, a lo que temo, la ciudad. 

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