lunes, 5 de febrero de 2018

Pájaros



Decido sentarme un rato pese a la urgencia de lo trascendente. El reloj desciende como una temperatura voraz que apuñala huesos, nos recuerda las orquídeas de la vida, del pasar silencioso que vamos inquietando, a veces con falso esfuerzo porque volvemos a casa exhautos y vacíos. Si tan sólo el libertador de los pájaros no les esperara con un fusil y una mira, yo podría creer nuevamente en la esperanza, pero no la encuentro en ese gran movimiento de olas, en esos vientos angustiantes que aquietaron al Kremlin antes del fuego, no la encuentro.

Entonces veo una estampa agrietándose en la pared de mi madre, un Cristo de la misericordia que se ha quedado sin ojos, ¿no es el mayor acto de fe prestarle a un dios los propios ojos? Comido de telarañas el Cristo ha solicitado también los pies de mi madre, qué divina burocracia.

Me quedo sentada atrapada en lo simple. Evitando a toda costa discursos, tratando de sembrar flores, tejiendo futuro en veinte manos, aniquilando el reloj de esperarte, servirte café, matar una cebolla, ver tus pestañas balancearse y dejarte soñar.

Nací tarde para mi tiempo. Los pájaros en bandada aletean buscando el verano. Yo contemplo.

lunes, 24 de julio de 2017

Suavidad

Lentamente la canción se apaga, una gota se desliza escurridiza desde tu frente; la melodía que respiras es un manifiesto, una postulación, una certeza de historia. A veces algo tiembla entre tus ojos, su brillo muta, su manera de absorber ideas y colisionar con la realidad cruda posee la furia de un sueño, tiemblan.

Luego te distraes. Parece que las llamas que enfurecen se aquietan. Habrá que acostumbrarse a los suspiros, a tu forma de mirar sin mirar, a un mundo acuoso donde la neblina asfixia, ese rincón egoísta que sólo puedo espiar desde fuera. Pero es la contemplación lo que me sostiene en esta maravillosa distancia.


Arañando con ternura las fronteras de estos depósitos de alma, mordiendo despacio mientras me estremezco, aprisionando con suavidad tu laberinto de problemas intangibles, encendiendo dulcemente con la luz de mis dedos tu lejanía. Me he logrado aquietar a tu lado mientras la lluvia castiga las calles mudas, mis miedos e incertidumbres se resquebrajan. No hay formas posibles que me traigan hasta aquí, no podría ser de otra manera, este encuentro que se fusiona con la tranquilidad nocturna, esta contemplación exquisita, sólo la suavidad de una risa, sólo la suavidad de un susurro, sólo la suavidad de una mirada que se incrusta. Tus ojos se van cerrando, llevándose el mundo de neblina que contemplo con asombro. La noche inicia.

martes, 28 de marzo de 2017

Crítica



La bailarina de ballet ha caminado a contra luz, sus pasos como cuentagotas casi no necesitan  del piso. La bailarina ha arqueado su mano, sin el más leve temblor ha simulado una rosa de hueso blanco y anatómica tristeza. La bailarina mantiene su mirada hacia sí misma, posee un bosque interno donde miles de hojas se sacuden con la vibración de su energía, en un oleaje cósmico el bosque interno tiembla con toda la emoción que su mirada vuelta hacia sí misma oculta. La bailarina a contra luz es sencillamente férrea y hermosa. 

Pero algo falla. La traición de un tobillo le hace balancearse en un inquietante espasmo. El bosque se ha quebrantado y ella vuelve la mirada hacia afuera, donde están todos, los que no entienden. Abren sus bocas y emiten sonidos, risas, quejas, comentarios explicativos del error fatal en su danza, graznidos enfermos, sarcasmos, intelectualismos, soluciones, alternativas obvias, lloriqueos, chillidos. Luego hay enemigos imaginarios, causas imaginarias, banderas que flotan en la incoherencia. Pero todos continúan sentados, porque no entienden. 

Y aunque es doloroso, la bailarina detenida flexiona su otro tobillo para volver a su hermosa simetría. El silencio ha vuelto. El bosque vibra. En la quietud de su cuerpo no habita ni una terminación nerviosa, mientras dentro de sí se alzan miles de mariposas efervescentes hacia el cielo.

jueves, 3 de marzo de 2016

Viaje

Un pequeño duende decidió un día tomar el sol. Parece ser que los duendes no acostumbran este tipo de actividades, la oscuridad es una realidad confortable para quien decide dejar de asombrarse. Hay un pequeño duende que nos desafía, cada cosa que hace genera susurros de mentes pequeñas, murmullos que esconden el miedo. Al inicio de todo los laberintos fueron complicados y, donde usualmente se llora, el duende decidió reír. 

Siempre busca la luz, no te desangres, la vida es bella como un viaje, hay que seguir escudriñando, quien sabe que alguna piedra o una nube que pasa esconda el secreto de tu vida.

Un pequeño duende toma el sol sin contar sus pasos. Los mapas suelen abrumar a las almas que carecen de sol. Un pequeño duende empaca sus libros y su caracol con el que descubre los secretos de las cosas.

Deberías avergonzarte, allá va un duende que no tiene miedo ni dolor, ni odio. deberías avergonzarte de quejarte tanto porque se arruinó el control del TV. 

La intensidad asusta. Un pequeño duende decidió un día tomar el sol, lo que no sabíamos es que al continuar en sus manos llevaba su propio sol nuevo, naciente, creciendo en su pecho. Y comenzó su viaje a pesar que, al parecer, los duendes no acostumbran esas cosas, pero lleno de luz partió. 

martes, 29 de diciembre de 2015

Arte vrs Miedo

Frente a mi, The Singer, pintura inspirada en la famosa portada de The Clash para su disco London Calling que en 1979 sacudía las jóvenes mentes de unos cuantos yonkis. En mi vida imaginé que estaría parada frente a algo así. Esas piezas de tela, cartón y (?) cabello, están expuestas como grandes obras de arte, mientras que en su época fueron travesuras de algunos jóvenes bajo la influencia de sustancias psicoactivas, la fiebre del muro de Berlín y la expansión del punk como una corriente suburbana que cuestionaba la sociedad europea y su propia emocionabilidad ante los problemas del mundo. El panorama del origen de estas ideas dista mucho del ambiente en el que me encontré con ellas, un museo sobrio, donde sólo los susurros son permitidos.

Ahora sintonizo un canal nacional y veo un argentino hablando con pasión acerca de un grupo de jóvenes que aprenden arte circense en un programa que él está impulsando. No es una galería de arte, no es un recital del centro español, no es una antología de poemas que sólo los poetas leen; es un semáforo con unos bachilleres haciendo clown. Reflexiono y recuerdo London Calling, ¿de dónde proviene toda esa indignación social? ¿de dónde viene el hecho de hacer malabares en un monociclo?
 
¿Cuál es la utilidad del arte?  Tal vez es algo que no pueda responderse en un sentido universal sino que responde a variantes históricas, sociales, culturales. Tal vez el arte en la Guerra Fría pretendía sacar del letargo a una Europa gris; tal vez el arte en El Salvador debería pretender retener a la juventud en la motivación de crear, cualquier cosa crear, antes que se los lleve la pandilla.

Parece que el artista en nuestro país lucha desesperadamente para diferenciarse de otros, mostrando muchas veces sus carencias afectivas, afirman contundentemente que están "adelantados a su época", aunque lo anterior no es un panorama general, es común encontrar este estereotipo, el genio autodenominado que reclama la posteridad histórica ¿Es válido buscar en al arte el reconocimiento y admiración? No responderé a esta pregunta, pero a nivel personal me intriga el academicismo, esa rigidez en las taxonomías artísticas que cierran la puerta en forma excluyente a diversas manifestaciones del arte. El elitismo es poco útil, incluso peligroso, ya que, en un país de veintiún mil kilómetros cuadrados donde el corazón y la motricidad artística principal se encuentra concentrada en la capital, dar un vistazo a las periferias nos deja huérfanos en materias artísticas, no porque no hayan iniciativas, sino porque la sociedad no les otorga la significación que merecen. En un contexto lleno de violencia la exclusión en el ámbito artístico sólo acentúa la brecha que favorece los problemas sociales.

El arte como producto refinado o mercantil puede ser el objetivo último dentro del sistema neoliberal en que nacimos, pero el arte como proceso es la acción liberadora del ser humano por sí mismo, venga de donde venga.

Presencio un concierto en un teatro comunitario al aire libre a unos treinta kilómetros de la capital, en  Fundarte Cojutepeque.  Un grupo de adolescentes interpretan con vientos boleros de los años treinta. Me alegro de poder tener aún capacidad de sentir nostalgia, me alegro de mi tendencia a soñar y mi capacidad de asombro. Un niño que interpreta Flores Negras debe ser capaz de transformar su mundo, ya que ha transformado el mío. Me doy cuenta que diseminados en la sociedad existen estos activistas del arte, estos espacios que generan transformaciones desde la comunidad, atomizan las ideas, descentralizan la creación. Despojar el arte de su manto sagrado no es una tarea fácil, la uniformidad ha sido el enemigo principal de la acción creativa a lo largo del tiempo. Si intentamos desintitucionalizar el arte, tendremos en relieve estas arterias de esfuerzos no sistematizados, a los que la sociedad presta poca atención, los cuales intentan revitalizar la colectividad y la creación comunitaria.

¿Cual es el fin último del arte? Si a nivel histórico ha sido capaz de satirizar, revolucionar, dinamizar sociedades. Es poco sensato en nuestro contexto intentar diferenciarnos. El arte en nuestro país nos puede salvar del miedo, nos puede salvar de la violencia. El arte como proceso popular puede sutilmente modificar el reclutamiento masivo de jóvenes por grupos delictivos, porque les da un motivo para desarrollar sus potencialidades, les brinda pasión y sentido ante una perspectiva laberíntica de la realidad. No se trata de redención, sino de praxis, quizá sean múltiples las variables que definen el verdadero fin del arte, pero ante el panorama actual, aquí y ahora, la historia nos exige dejar atrás el miedo, las poses, las carencias afectivas; precisa el accionar.

No existe el arte ingenuo, sólo existe el arte idiota, es el que está mudo y quieto en un impecable museo, entre los susurros de gente bien vestida y bien alimentada.

miércoles, 3 de junio de 2015

Imperfección

De la imperfección viene la risa. Esa libélula que irrumpe en la impecable reunión de trabajo, el graznido que no se parece al cosquilleo de hada hollywoodense. Giro y giro en la silla ergonómica, me quito el zapato mientras nadie observa, mi lengua hurga mis dientes cuando estoy aburrida. No he buscado en el diccionario cuando desconozco una palabra.  Tengo la mala costumbre de observar las manos de la gente, de absorberlas, de dibujarlas en forma imaginaria. Fotografiarme no es mi placer, no es cómo fotografiar gatos. No he sembrado mis girasoles ni he reparado la fuga del agua. Conducir de noche, sin luz, me permitió ver tu camino lleno de luciérnagas.

De la imperfección surge el abrazo. Hay algo que nos falta; aprender una canción, prestarnos un libro,  confesar que la ingenuidad acompaña la caricia. Tengo la mala costumbre de creer en la colectividad, de hablar de novelas de ciencia ficción y medidas de tornillos y láminas. Cada cierto tiempo me tiño el cabello, depilo mis cejas, soy consciente que envejecer es necesario y triste, así como lavar el retrete.


No dibujo bien, no canto bien. Tengo la mala costumbre de caminar sola. Mis ideas se mueren. Detesto el existencialismo, sólo a veces, como cuando escucho a Janis Joplin y miles de mariposas negras han volado sobre el país y cierro los ojos y hay algo que falta. Algo anda mal, ya sea la punta de mis cabellos o la forma en que se desfiguran mis zapatos. Hay algo que no es como el afiche de la perfumería, como la foto de la boca mariposa en la revista. Algo falta en mí, en vos, algo como tu sonrisa imperfecta que se asoma cuando yo quiero. Algo más allá de la belleza, de la imperfección que nos hace salir a la calle con la potencia de un disparo, a transformar, elaborar, conducir, equivocarse, reír. De la imperfección viene la risa. 

domingo, 10 de mayo de 2015

Accidente


Todos debemos tener un respiro. Intentar dibujar una estrella. Decir un pequeño trabalenguas, imposible como trazar las líneas del girasol. Equivocarse al enviar un mensaje. Minuta de limón. Acariciar un querido perro. Arpegiar. Recordar las imágenes en el libro de cuentos del primer grado. Sonrojarse. Escuchar un corazón. Espantar una abeja. El tintineo del rompevientos. Distraerse con la pequeña araña que teje a trasluz. Chiste de pollitos. Llovizna que acaricia los árboles, las ventanas, el asfalto; como el bolero acaricia el nido de mariposas que ahogan mis pulmones cuando te veo. Verte. Desde lejos verte.

Todos debemos tener un respiro, detener el tiempo. Un instante. Luego la vida gira, nuevamente estrepitosa. Retornamos. Estamos nuevamente vivos.