lunes, 24 de julio de 2017

Suavidad

Lentamente la canción se apaga, una gota se desliza escurridiza desde tu frente; la melodía que respiras es un manifiesto, una postulación, una certeza de historia. A veces algo tiembla entre tus ojos, su brillo muta, su manera de absorber ideas y colisionar con la realidad cruda posee la furia de un sueño, tiemblan.

Luego te distraes. Parece que las llamas que enfurecen se aquietan. Habrá que acostumbrarse a los suspiros, a tu forma de mirar sin mirar, a un mundo acuoso donde la neblina asfixia, ese rincón egoísta que sólo puedo espiar desde fuera. Pero es la contemplación lo que me sostiene en esta maravillosa distancia.


Arañando con ternura las fronteras de estos depósitos de alma, mordiendo despacio mientras me estremezco, aprisionando con suavidad tu laberinto de problemas intangibles, encendiendo dulcemente con la luz de mis dedos tu lejanía. Me he logrado aquietar a tu lado mientras la lluvia castiga las calles mudas, mis miedos e incertidumbres se resquebrajan. No hay formas posibles que me traigan hasta aquí, no podría ser de otra manera, este encuentro que se fusiona con la tranquilidad nocturna, esta contemplación exquisita, sólo la suavidad de una risa, sólo la suavidad de un susurro, sólo la suavidad de una mirada que se incrusta. Tus ojos se van cerrando, llevándose el mundo de neblina que contemplo con asombro. La noche inicia.

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