martes, 29 de diciembre de 2015

Arte vrs Miedo

Frente a mi, The Singer, pintura inspirada en la famosa portada de The Clash para su disco London Calling que en 1979 sacudía las jóvenes mentes de unos cuantos yonkis. En mi vida imaginé que estaría parada frente a algo así. Esas piezas de tela, cartón y (?) cabello, están expuestas como grandes obras de arte, mientras que en su época fueron travesuras de algunos jóvenes bajo la influencia de sustancias psicoactivas, la fiebre del muro de Berlín y la expansión del punk como una corriente suburbana que cuestionaba la sociedad europea y su propia emocionabilidad ante los problemas del mundo. El panorama del origen de estas ideas dista mucho del ambiente en el que me encontré con ellas, un museo sobrio, donde sólo los susurros son permitidos.

Ahora sintonizo un canal nacional y veo un argentino hablando con pasión acerca de un grupo de jóvenes que aprenden arte circense en un programa que él está impulsando. No es una galería de arte, no es un recital del centro español, no es una antología de poemas que sólo los poetas leen; es un semáforo con unos bachilleres haciendo clown. Reflexiono y recuerdo London Calling, ¿de dónde proviene toda esa indignación social? ¿de dónde viene el hecho de hacer malabares en un monociclo?
 
¿Cuál es la utilidad del arte?  Tal vez es algo que no pueda responderse en un sentido universal sino que responde a variantes históricas, sociales, culturales. Tal vez el arte en la Guerra Fría pretendía sacar del letargo a una Europa gris; tal vez el arte en El Salvador debería pretender retener a la juventud en la motivación de crear, cualquier cosa crear, antes que se los lleve la pandilla.

Parece que el artista en nuestro país lucha desesperadamente para diferenciarse de otros, mostrando muchas veces sus carencias afectivas, afirman contundentemente que están "adelantados a su época", aunque lo anterior no es un panorama general, es común encontrar este estereotipo, el genio autodenominado que reclama la posteridad histórica ¿Es válido buscar en al arte el reconocimiento y admiración? No responderé a esta pregunta, pero a nivel personal me intriga el academicismo, esa rigidez en las taxonomías artísticas que cierran la puerta en forma excluyente a diversas manifestaciones del arte. El elitismo es poco útil, incluso peligroso, ya que, en un país de veintiún mil kilómetros cuadrados donde el corazón y la motricidad artística principal se encuentra concentrada en la capital, dar un vistazo a las periferias nos deja huérfanos en materias artísticas, no porque no hayan iniciativas, sino porque la sociedad no les otorga la significación que merecen. En un contexto lleno de violencia la exclusión en el ámbito artístico sólo acentúa la brecha que favorece los problemas sociales.

El arte como producto refinado o mercantil puede ser el objetivo último dentro del sistema neoliberal en que nacimos, pero el arte como proceso es la acción liberadora del ser humano por sí mismo, venga de donde venga.

Presencio un concierto en un teatro comunitario al aire libre a unos treinta kilómetros de la capital, en  Fundarte Cojutepeque.  Un grupo de adolescentes interpretan con vientos boleros de los años treinta. Me alegro de poder tener aún capacidad de sentir nostalgia, me alegro de mi tendencia a soñar y mi capacidad de asombro. Un niño que interpreta Flores Negras debe ser capaz de transformar su mundo, ya que ha transformado el mío. Me doy cuenta que diseminados en la sociedad existen estos activistas del arte, estos espacios que generan transformaciones desde la comunidad, atomizan las ideas, descentralizan la creación. Despojar el arte de su manto sagrado no es una tarea fácil, la uniformidad ha sido el enemigo principal de la acción creativa a lo largo del tiempo. Si intentamos desintitucionalizar el arte, tendremos en relieve estas arterias de esfuerzos no sistematizados, a los que la sociedad presta poca atención, los cuales intentan revitalizar la colectividad y la creación comunitaria.

¿Cual es el fin último del arte? Si a nivel histórico ha sido capaz de satirizar, revolucionar, dinamizar sociedades. Es poco sensato en nuestro contexto intentar diferenciarnos. El arte en nuestro país nos puede salvar del miedo, nos puede salvar de la violencia. El arte como proceso popular puede sutilmente modificar el reclutamiento masivo de jóvenes por grupos delictivos, porque les da un motivo para desarrollar sus potencialidades, les brinda pasión y sentido ante una perspectiva laberíntica de la realidad. No se trata de redención, sino de praxis, quizá sean múltiples las variables que definen el verdadero fin del arte, pero ante el panorama actual, aquí y ahora, la historia nos exige dejar atrás el miedo, las poses, las carencias afectivas; precisa el accionar.

No existe el arte ingenuo, sólo existe el arte idiota, es el que está mudo y quieto en un impecable museo, entre los susurros de gente bien vestida y bien alimentada.

miércoles, 3 de junio de 2015

Imperfección

De la imperfección viene la risa. Esa libélula que irrumpe en la impecable reunión de trabajo, el graznido que no se parece al cosquilleo de hada hollywoodense. Giro y giro en la silla ergonómica, me quito el zapato mientras nadie observa, mi lengua hurga mis dientes cuando estoy aburrida. No he buscado en el diccionario cuando desconozco una palabra.  Tengo la mala costumbre de observar las manos de la gente, de absorberlas, de dibujarlas en forma imaginaria. Fotografiarme no es mi placer, no es cómo fotografiar gatos. No he sembrado mis girasoles ni he reparado la fuga del agua. Conducir de noche, sin luz, me permitió ver tu camino lleno de luciérnagas.

De la imperfección surge el abrazo. Hay algo que nos falta; aprender una canción, prestarnos un libro,  confesar que la ingenuidad acompaña la caricia. Tengo la mala costumbre de creer en la colectividad, de hablar de novelas de ciencia ficción y medidas de tornillos y láminas. Cada cierto tiempo me tiño el cabello, depilo mis cejas, soy consciente que envejecer es necesario y triste, así como lavar el retrete.


No dibujo bien, no canto bien. Tengo la mala costumbre de caminar sola. Mis ideas se mueren. Detesto el existencialismo, sólo a veces, como cuando escucho a Janis Joplin y miles de mariposas negras han volado sobre el país y cierro los ojos y hay algo que falta. Algo anda mal, ya sea la punta de mis cabellos o la forma en que se desfiguran mis zapatos. Hay algo que no es como el afiche de la perfumería, como la foto de la boca mariposa en la revista. Algo falta en mí, en vos, algo como tu sonrisa imperfecta que se asoma cuando yo quiero. Algo más allá de la belleza, de la imperfección que nos hace salir a la calle con la potencia de un disparo, a transformar, elaborar, conducir, equivocarse, reír. De la imperfección viene la risa. 

domingo, 10 de mayo de 2015

Accidente


Todos debemos tener un respiro. Intentar dibujar una estrella. Decir un pequeño trabalenguas, imposible como trazar las líneas del girasol. Equivocarse al enviar un mensaje. Minuta de limón. Acariciar un querido perro. Arpegiar. Recordar las imágenes en el libro de cuentos del primer grado. Sonrojarse. Escuchar un corazón. Espantar una abeja. El tintineo del rompevientos. Distraerse con la pequeña araña que teje a trasluz. Chiste de pollitos. Llovizna que acaricia los árboles, las ventanas, el asfalto; como el bolero acaricia el nido de mariposas que ahogan mis pulmones cuando te veo. Verte. Desde lejos verte.

Todos debemos tener un respiro, detener el tiempo. Un instante. Luego la vida gira, nuevamente estrepitosa. Retornamos. Estamos nuevamente vivos. 

sábado, 9 de mayo de 2015

Superficialidad


Oigo The Strokes. Cierta vivacidad en su música me genera una tristeza energética, una tristeza de baile o de bar amistoso que no existe. Resulta que han habido cinco muertos, en este pueblo tan pequeño y colorido hay cinco muertos. En los años noventa venía de visita a cada festividad posible, me sumergía en las formas extrañas de este pueblo; las aceras como grandes bloques elevaban el paso de los peatones a medio metro del empedrado de la calle. Ahora nada tiene que ver con aquella época, una sala de belleza resalta con sus colores fucsia y sus sillas plásticas. Perseguir "angelitos" entre calles de piedra. Siento como si el sol se nos ha acercado; el entierro de ese jueves desbordaba las calles, la vida de pueblo es una vida de arterias, de tejido social que emerge ante las desgracias.

Al mudarme de la capital me desconfiguré. Regresé en el tiempo, murieron años grisáceos de cantos de palomas entre ventanas de madera. Lo recuerdo como una película. Ilobasco latiendo en medio de la lluvia. Ilobasco provinciano, con blancas mujeres que cuidan el altar de la Legión de María.

Cinco muertos, bebo café. Las casas de Ilobasco han cambiado al estilo americano. Catorce años de vida de pueblo. Recuerdo el parque al cruzar por la tarde, ensombrecido por los besos de los árboles, los abrazos de los árboles que formaban una cueva, una cueva sin eco y llena de pájaros insignificantes. El parque se ha modernizado, las mujeres deben usar zapatos de tacón las tardes de domingo. Catorce años y nunca vi un muerto a la luz de mediodía, mediodía infernal que nos ha acercado al sol o nos ha descendido al averno; no hay más sombras de árboles para refrescar este mediodía. 

 ¨Y este viernes hay viernes negro¨. Dolores de muela, comprar una canasta para ropa, pesadillas, montañas de peluches color pastel, cinta amarilla de la PNC, gafas de aviador que combinan con cualquier cosa. La gente continúa. Quizá el morbo es el mecanismo de defensa por excelencia. Mis vecinas han orado todas las noches, Ilobasco es el municipio más violento de Cabañas, pero hay que hacer jaripeos, por supuesto. Quizá el morbo nos enmascara, nos encierra en casa a escuchar nuestro álbum favorito de The Strokes, Is This It claro, el morbo nos protege y protege aún más a la violencia.  

Me estaciono frente al karaoke. Me bebo un café. Me compro una Modelo. La superficie de este pueblo es de colores. Fucsia, marrón, paisaje de cerros en pared repellada. Vivo una vida que debo. Una vida de morbo y de silencios de tarde provinciana. Este pueblo ya no existe, está pariendo una ciudad, a lo que temo, la ciudad.