lunes, 24 de julio de 2017

Suavidad

Lentamente la canción se apaga, una gota se desliza escurridiza desde tu frente; la melodía que respiras es un manifiesto, una postulación, una certeza de historia. A veces algo tiembla entre tus ojos, su brillo muta, su manera de absorber ideas y colisionar con la realidad cruda posee la furia de un sueño, tiemblan.

Luego te distraes. Parece que las llamas que enfurecen se aquietan. Habrá que acostumbrarse a los suspiros, a tu forma de mirar sin mirar, a un mundo acuoso donde la neblina asfixia, ese rincón egoísta que sólo puedo espiar desde fuera. Pero es la contemplación lo que me sostiene en esta maravillosa distancia.


Arañando con ternura las fronteras de estos depósitos de alma, mordiendo despacio mientras me estremezco, aprisionando con suavidad tu laberinto de problemas intangibles, encendiendo dulcemente con la luz de mis dedos tu lejanía. Me he logrado aquietar a tu lado mientras la lluvia castiga las calles mudas, mis miedos e incertidumbres se resquebrajan. No hay formas posibles que me traigan hasta aquí, no podría ser de otra manera, este encuentro que se fusiona con la tranquilidad nocturna, esta contemplación exquisita, sólo la suavidad de una risa, sólo la suavidad de un susurro, sólo la suavidad de una mirada que se incrusta. Tus ojos se van cerrando, llevándose el mundo de neblina que contemplo con asombro. La noche inicia.

martes, 28 de marzo de 2017

Crítica



La bailarina de ballet ha caminado a contra luz, sus pasos como cuentagotas casi no necesitan  del piso. La bailarina ha arqueado su mano, sin el más leve temblor ha simulado una rosa de hueso blanco y anatómica tristeza. La bailarina mantiene su mirada hacia sí misma, posee un bosque interno donde miles de hojas se sacuden con la vibración de su energía, en un oleaje cósmico el bosque interno tiembla con toda la emoción que su mirada vuelta hacia sí misma oculta. La bailarina a contra luz es sencillamente férrea y hermosa. 

Pero algo falla. La traición de un tobillo le hace balancearse en un inquietante espasmo. El bosque se ha quebrantado y ella vuelve la mirada hacia afuera, donde están todos, los que no entienden. Abren sus bocas y emiten sonidos, risas, quejas, comentarios explicativos del error fatal en su danza, graznidos enfermos, sarcasmos, intelectualismos, soluciones, alternativas obvias, lloriqueos, chillidos. Luego hay enemigos imaginarios, causas imaginarias, banderas que flotan en la incoherencia. Pero todos continúan sentados, porque no entienden. 

Y aunque es doloroso, la bailarina detenida flexiona su otro tobillo para volver a su hermosa simetría. El silencio ha vuelto. El bosque vibra. En la quietud de su cuerpo no habita ni una terminación nerviosa, mientras dentro de sí se alzan miles de mariposas efervescentes hacia el cielo.